Vicente Blanco Ojea nació siendo él muy pequeño en Valdecilla, Cantabria, (1967- )
Vivió en un casa, estudió en un colegio y trabajó en un trabajo.
En 2025 obtuvo el XVII Certamen de Poesía «María Luisa García Sierra» (Bornos, Cádiz) con el poemario Puertuco de Raos.
En 2024 fue galardonado con el XXII Premio de Literatura Breve «Villa de Mislata», en la modalidad de poesía en castellano, por La furia de los dioses (Mislata, Valencia), y con el XXIV Concurso de Poesía «Lorenzo Oliván» por el poemario Libro de las horas (Castro Urdiales, Cantabria).
En 2023 obtuvo el XII Premio de Literatura Experimental «Sporting Club Russafa Carlos Moreno Mínguez» (Valencia) con el poemario De colores.
En 2022 recibió el primer premio del Concurso de Poesía del Centro Cultural Ramón Pelayo (Medio Cudeyo, Cantabria).
En 2021 obtuvo una mención de honor en el Concurso Internacional de Poesía «Carmen Soler» (Paraguay).
En 2020 ganó el primer premio del VII Concurso de Micropoemas «José García Nieto», convocado por la Fundación José García Nieto y la Fundación Camilo José Cela (España).
►Forma parte del grupo de poetas Escritores de Trasmiera, del equipo de redacción de la revista literaria Pizarra y del blog literario y cultural “La tienda del Kirguise” de Marina Gurruchaga.
►Ha colaborado con sus poemas en diferentes revistas y antologías
Poema 1
Un viento
A veces un viento ocre de otoño,
un viento calmo de esfera,
que huele a limpio y se siente grande,
atraviesa mares y montes, ríos
y cultivos, y acerca
murmullo de agua,
susurro de bosque,
alegre rumor de palabra cierta.
Otras veces un viento báquico de color ebrio,
venusto y argonauta, bufa vehemente
y recuerda
que el frío es bisbiseo ingrato,
la ira una puerta con agujeros,
la miseria una ventana rota,
y la soledad
un terco tejado lleno de deudas.
Algunas veces un viento silente
arranca temprano, tropieza
con la montaña y no hace ruido
cuando atraviesa maltrechos árboles,
respeta este lóbrego invierno
y ocurre mientras pasa.
Otras veces un viento despiadado
y en cochambre
se encona y sale de dentro,
desde la entraña, como si quisiera
arrancar de raíz este pecado,
como si intentara sentir,
como si echara de menos amar.
A veces un viento humilde y transparente
refresca la herida y arrastra el dolor,
huele a níveo, tranquiliza y alienta.
Alcanza perfume a menta y perejil,
y a nadie asombra que venga,
que llegue, que permanezca y se instale.
Siempre
el viento cuando marcha
se retira torpe, parte lento,
deja lluvia y se despide delicado:
adiós, adiós, hasta que la vida
nos revuelva de nuevo.
Poema 2
El desnudo
Por ese agujero del calcetín
se arrastraba el desnudo
que se desprende de las cosas.
Mi abuela
no lo dejaba pasar de un día a otro
para que no se notara,
para que no se viera,
para no sentir vergüenza.
Ahora cuando están rotos
nadie los repasa, nadie
los remienda, los viejos
se tiran, se ocultan.
Los nuevos,
de colores ebrios,
son símbolo de arrebato,
de despilfarro, de tiempo
que falta,
de vida que sobra.
Por qué me considero poeta
Escribir poesía es una forma de resistencia.
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