Ángela Kethor Soto Guerra (Oviedo, 1982) es Licenciada en Psicología, Máster en Sexología y Máster en Nutrición y Salud Hormonal Femenina. Se ha ido especializando en la intervención formativa-educativa y en el desarrollo de proyectos con organismos públicos y entidades del tercer sector, incluyendo la escritura y edición de guías de divulgación y contenido para redes sociales. Tras el hito biográfico que supuso un giro copernicano en su vida, comenzó a escribir prosa poética en 2022 y en 2023 eclosionó la poesía, semilla plantada amorosamente por su madre, Carmen Soto, poeta, cuya obra poética fue transcrita en esa época por su hija. Al mismo tiempo se inició en micros abiertos y poetry slams de su zona. En 2024 fue semifinalista del Premio Nacional de Poesía Viva #LdeLírica (Ámbito Cultural – El Corte inglés). Ha sido seleccionada por Jose Luis García Martín para aparecer en la antología anual del Círculo cultural de Valdedios en su XXV edición ("Contra el tiempo", 2026). "Una vikinga en la hora mágica"(Loto Azul, 2025) es su primer poemario.
Su poesía es confesional y vitalista: conjuga erotismo, sensualidad, liberación y una profunda autoafirmación de la identidad femenina.
Poema 1
INMARCESIBLES
En este invierno de despedidas
y clamores, respiran
abiertas y hondas
mis heridas.
Se me hace lento este devenir
aun confiando en su latente
andamiaje,
necesito sumergirme
y rebrotar
la inflorescencia de
raíz que aguarda en mí.
Claro que, si fuera flor,
me sería más fácil
encontrar sentido a la pérdida
que precede a un nuevo ciclo.
Y si fuera árbol,
alcanzaría bajo tierra
toda raíz y conectado micelio,
sería como comprender
todo este misterio
de presencias que se tornan ausencias,
de vida, de duelos,
de ciclos desconocidos, ciclos nuevos.
Este bosque que ves existe
porque ellas están,
estuvieron,
e inmarcesibles, aquí,
muy dentro de mí, permanecerán.
Poema 2
COSMONAUTA
Vestidos con células epidérmicas
centelleantes, vamos pidiendo
una ración de manos
agraciadas para mudar
—estos cuerpos arrebatados—
en manto marino
bañado por cuerpos celestes.
Que dure eternamente este amor
brillante de color aguamarina,
que de cálido balanceo
es refugio confiable
y pone en calma las tormentas.
Que no se acabe nunca el deseo
fluorescente que brota de la piel
—en noches de marea viva—
anegando tu boca cuando besa
amorosa el centro de mi cosmos.
Que cuando me sienta algo perdida
siempre sea capaz de rescatar
entre los besos, repartidos
por líneas y esferas
—de mi mar a mi cielo—
el que lleva implícito un «Te quiero»
Por qué me considero poeta
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