Stefany Toya nace en Montevideo, Uruguay, en 1983. A los 21 años emigra a España, donde reside actualmente.
A los 11 años descubre en la escritura una forma de expresar aquello que no sabía decir con palabras. Durante la adolescencia deja la poesía a un lado y retoma la escritura años después, convirtiéndola nuevamente en una parte esencial de su vida.
En febrero de 2026 autopublica su primer poemario, Síncopa, una obra de poesía íntima e introspectiva que explora el desajuste, la memoria, la vulnerabilidad y la reconstrucción.
Actualmente colabora con la revista digital Micromundos Magazine, donde participa con su sección Kotodama, y forma parte de Los Topos Literarios, iniciativa vinculada a la antología benéfica La Guaira tiene quien le escriba, cuyos autores unen literatura y solidaridad.
Poema 1
La nota que callas
El nudo...
aprieta las cuerdas tensas
del violín enmudecido.
Vas queriendo disimular
las clavijas gastadas.
La partitura heredada
de quienes ya no están,
aún refleja sus voces,
como ecos de una época lejana.
La cuerda se rompe.
Resuenan vidas pasadas.
El día comienza en calma.
Quizá un día las voces
salgan por la caja de resonancia al alba,
y entre destellos del sol encuentres la nota.
La nota que guardas y callas.
Por miedo al exilio.
Por miedo
a no ser nada.
Poema 2
La Ventana Abierta
La casa desordenada
En el pecho una profunda grieta
La vieja ventana de madera desvencijada
espera abierta
Se cuelan en su memoria ideas que rasgan su lengua,
versos que nunca serán dichos
llanto que no ha cedido.
Temblorosas manos, quietas
Atándola a la cama de un hospital
Las huellas siguen ahí
arañando el camino
Pequeñas luciérnagas sin luz
en el cielo
No hay espejo en el salón,
lo rompió para no escucharse
en las noches
cuando la cama muerde el recuerdo
sábanas sucias
dejan el rastro de su cuerpo.
Y en silencio grita
¡Mira quien soy!
Hoy deciden por ella.
El juez empuña el mallete
hace eco en la sala
El desfile comienza
La vecina del quinto
viste su cuerpo
tras el oscuro velo rasgado
El padre
Su ley
El seno que le alimentó
Sigue sus pasos
sin rumbo preciso
En silencio
El gesto es suyo
Una punzada en el pecho
claro, sin anestesia.
Mira sus manos vacías
desata los nudos
de la garganta que calla
todo lo que no dijo
El interruptor de su cuarto
no funciona
La ventana sigue abierta
Noelia
En llamas
La ventana sigue abierta
el aire pesa
La prensa amarillista
fotografía su rostro en blanco y negro.
No llegarán las arrugas a marcar su piel
No teñirán las canas, su negro y largo cabello.
Sobre la cama yace su cuerpo
El reloj no suena
El corazón deja de latir
La ventana sigue abierta
El aire aligera
Noelia
Por fin
Por qué me considero poeta
Porque a través de la poesía puedo comunicarme.
No solo escribo, también leo poesía,
La vida es un poema.
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