Ada Luz Márquez " Hermana Águila" (Madrid, 1979), es poeta, narradora oral y educadora. Vive en la sierra de Gredos, en Extremadura, y su poesía nace de la tierra, el linaje femenino y la palabra como medicina.
Autora de seis libros, entre ellos *Vivir en Voz Alta*, *PoeMagia* y *Utopoesías*, ha participado en antologías, recitales y encuentros internacionales, y en 2026 representó a España en el Outsider Festival de Poesía de Ostuni (Italia). Fundadora de la Escuela Internacional "Hijas de la Tierra".
Poema 1
PERDER PARA ENCONTRARSE
Hubo un momento
en que perdió las huellas.
Perdió todo lo que llevaba
anclado a su espalda,
los viejos paradigmas,
las formas,
las máscaras,
la vergüenza,
la culpa,
los disfraces
y la gramática.
Perdió las horas y el reloj,
el calendario y las esperas,
los anhelos y las certezas.
Perdió todo aquello que fue,
todo lo que inútilmente esperó,
todo lo que anheló y caminó
y todo lo que se quedó en el arcén.
Y así, perdiéndolo todo,
también perdió el miedo,
el miedo a los juicios
y a los feroces autojuicios,
el miedo a la muerte
y el miedo a la vida,
el miedo a perderse,
el miedo a perder...
Y desnuda de todo,
desprendida de su vieja piel,
encontró un corazón
sucediéndose a sí mismo,
retumbando cada poro de su ser,
un tambor profundo
de barro, estrellas y raíces
resonando desde dentro
con voz de anciana-niña,
que la recordaba
latido a latido,
que estaba viva,
eternamente viva,
y que era libre,
valientemente libre.
Poema 2
¿Y QUÉ LE VOY A HACER SI NACÍ SALVAJE?
Y qué le voy a hacer
si nací salvaje
y ya no rehúso de serlo,
si prefiero el barro entre los dedos
y el sol dorando mis pies descalzos
que todas las alfombras sintéticas,
por muy rojas que me las quieran poner.
Qué quieres que le haga
si no hay más Dios que me haga rezar
otro credo que la casi extinguida Ternura
en este mundo aséptico de flores de plástico.
Si apago las luces para encender las estrellas,
si creo que no hay mejor silla que una piedra
ni mejor cama que el pasto fresco de las montañas,
ni mejor hogar que los brazos de quienes amo,
si no hay mayor gozo ni éxtasis
que mi cuerpo desnudo bajo la Luna
escuchando la respiración de la tierra,
si no quiero ya más brújula ni destino
que la vida a corazón abierto
ni más oración que la Poesía,
ni más prosa que las verdades claras como agua,
si quemé todos los juicios, sentencias y estacas
y bailé descalza sobre sus brasas.
Qué le voy a hacer, corazón,
si ya no me callo lo que mi alma canta,
si abro la presa de mis labios
y dejo salir las flores que se me salen de la garganta
como potros salvajes galopando versos,
si ya no reniego
de mi brutal sensibilidad,
si ya no escondo mi varita mágica.
¡Qué voy a hacerle, corazón mío!
si mi madre es la Tierra
y mi padre el Sol
y mis hermanas las estrellas.
Qué le voy a hacer
si estoy viva y amo estarlo,
si tengo alas clavadas en los párpados
y sólo sé amar como aman los pájaros.
Qué le voy a hacer
si soy salvajemente humana,
humana para ir a buscarme
y salvaje
para regresar a casa.
Por qué me considero poeta
Soy poeta porque el poema me habita antes que la palabra.
Escribo desde la herida y desde el asombro, porque en ambos late lo mismo. El poema es mi manera de sostener lo que duele hasta que se vuelve luz, de recordar que todo lo vivo pide ser dicho; de conversar con él infinito.
Ser poeta es algo que trasciende la palabra, la tinta y el folio en blanco. Es una manera de mirar, sentir y caminar el mundo.
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