Ficha pública
Retrato para Laura Codosero

LauraCodosero

Madrid
Biografía

Laura Codosero es poeta madrileña de raíces andaluzas. Escribe desde la infancia y entiende la poesía como una manera de tocar lo invisible y dar cuerpo a aquello que a veces no encuentra lugar en las palabras. Su vínculo con la Historia del Arte atraviesa su manera de mirar y de escribir. Su poesía se adentra en el amor, el deseo, la memoria, la pérdida y la belleza, desde una voz íntima y sensorial en la que el cuerpo, el paisaje y el arte se encuentran. Participa habitualmente en recitales poéticos, donde el poema abandona la intimidad de la página para recuperar algo esencial a su escritura: la voz.

Poema 1
Salmo No permita yo que el miedo de hoy reescriba lo que fue ayer, ni que el dolor clausure los caminos del mañana. Recuerde yo siempre la paz en tu pecho, cuando la melancolía quiera disfrazarse de verdad. No olvide yo tu luz solo porque haya llegado la noche. Que la incertidumbre no me haga llamar mentira a lo que fue un milagro. Y si alguna vez el amor decide marcharse, encuentre mi casa tal y como la encontró: con las puertas abiertas.
Poema 2
Tú imaginario Ladro a las esquinas del papel, el papel donde te engendro, perfumado de ausencias, en la lengua huérfana, en el hueso nuevo. Te escribo para que existas, para que emerjas del verso, de esta fuga de los días donde te pienso, donde te espero más real que la vida misma, más cierto que un verbo. Eres conquista imposible, te modelo un cuerpo, un cuerpo de hombre, te forjo una voz noble, una voz que me responde a este inventario de nombres. Con esto que llaman don, te he urdido tantas veces, en mis letras, con mi sangre, que ya no sé si te invento yo, o te he soñado, o si me sueñas tú a mí, o si eres tú quien me falta o si te falto yo en el hueco de mis poemas.
Por qué me considero poeta

Para mí, ver el mundo desde la poesía tiene que ver con una forma única de mirar. Es detenerme en cosas que quizá para otros pasarían inadvertidas: la manera en que alguien deja una taza sobre la mesa, una ventana encendida de madrugada, el olor que permanece en una almohada cuando alguien se ha ido, una palabra dicha con una entonación distinta y que cambia por completo lo que creíamos saber. Creo que miro así casi inevitablemente. Las cosas nunca son solamente lo que son. Una habitación puede significar ausencia; una luz, una espera; un cuerpo, un territorio amado, el silencio de alguien puede ocupar físicamente un lugar. Y después está la necesidad de encontrar palabras para eso. No para embellecerlo, para acercarme a su verdad. A veces una metáfora consigue decir con más precisión algo que una explicación de veinte líneas. Por eso me cuesta decir «soy poeta». Me parece una palabra enorme. Pero sí sé que la poesía es mi manera de mirar, de comprender y también de amar el mundo. Tal vez ser poeta empiece precisamente ahí: no en llamarse poeta, sino en no poder evitar mirar de esa manera.

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