Ficha pública
Retrato para Xabier Vila-Coia

XabierVila-Coia

Madrid
Biografía

Xabier Vila-Coia no es nada, es un hombre sin estatus. Se le puede decir poeta del mismo modo que se le puede decir artista, o ensayista, o antropólogo, o filósosofo. Pero eso no son más que etiquetas que nada tienen que ver con él, sino con los demás. Son los demás los que las necesitan, para clasificarlo; pero Xabier Vila-Coia es inclasificable.

Poema 1
DESEOS HUMANOS II Nací, ¡cooomo puuude! por un canal ensangrentado. Buen recuerdo no tengo de ello pues mis ojos estaban nublados. Pero crecí y maduré pensando en tal acontecimiento: ¡deseo volver a ver el agujero por donde me alumbraron! mi Padre no me deja: ¡dice que soy ya mayor! Más mayor eres tú, ¡le respondí! y lo ves cuando no estoy yo. Me castigó por irreverente a la autoridad paternal. ¡Me cagué en todos sus muertos! por injusto e inmoral. Te veré otra vez ¡agujero maldito! aunque tenga que matar. Volveré a besar tus entrañas: ¡una simple vez no me basta! ¡Quiero volver a ver el coño de mi Madre! El Único que me vio nacer. Los demás coños apenas alumbran un misérrimo placer. ¡Quiero volver a ver el coño de mi Madre! pues coño de tal condición no se cata todos los días ¡y siempre se lo folla un cabrón!
Poema 2
POEMA DESALMADO (Dedicado a Walt Whitman) Yó he visto el alma de los muertos en los huesos de los estudiantes de medicina. Yó he visto el alma del asesino en las esposas que le impedían rascarse los cojones delante del juez. Yó he visto el alma de los puercos en sus humanos chillidos al ser arrastrados al omnívoro sacrificio. Yó he visto el alma de las cucarachas en su grimoso crujir al ser aplastadas por un miembro desnudo. Yó he visto el alma de las hormigas en el ácido humor de un corte entre dos ingles. Yó he visto el alma de las hojas de los árboles en la tenue luz del cielo de otoño. Yó he visto el alma del vino en su llanto de recién nacido. Yó he visto el alma de los ríos en la superficie de sus aguas siempre otras. Yó he visto el alma de la mar en las alas de un cormorán. Yó he visto el alma de los pordioseros dentro de un cajero automático. Yó he visto el alma de los pedigüeños en el agujero de la palma de su mano. Yó he visto el alma de los amerindios exterminados por el palo de fuego extranjero en sus plumas de pato. Yó he visto el alma de los cimarrones en los cañones de la recortada [caña. Yó he visto el alma de los niños en la saliva en la cara de un anciano. Yó he visto el alma del macho de la mantis en el vientre de una gallina. Yó he visto el alma de los enfermos desahuciados en el recipiente de un medicamento voluntariamente equivocado. Yó he visto el alma de los suicidas en la imagen de cualquier Virgen. Yó he visto el alma de los pescadores en la extremada belleza de una doncella. Yó he visto el alma de los cazadores en los trofeos que coronan sus cabezas. Yó he visto el alma de los gatos entre los dientes de una perra. Yó he visto el alma de los buitres enterrada sobre teorías revolucionarias muertas al nacer. Yó he visto el alma de los libros en la llama del fuego purificador. Yó he visto el alma de El Dictador demócrata o autoritario en el amplificador de un micrófono. Yó he visto el alma del pueblo a la sombra de un ciprés. Yó he visto el alma de la justicia en la cruz invertida del fiel de una balanza. Yó he visto el alma de la libertad convertida en estatua de piedra. Yó he visto el alma del progreso en el honguillo de una explosión atómica. Yó he visto el alma del viento en el cadáver destrozado de un transeúnte. Yó he visto el alma del trueno en el pedo de un maricón. Yó he visto el alma de los poetas en el vértice de una nariz de boj. Yó he visto el alma del hombre en la cadena de un reloj. Yó he visto el alma del amor en una masculina lluvia de lágrimas. Yó he visto el alma de Jesucristo entre las piernas de María Magdalena. Yó he visto el alma de Dios en el billete con el que he pagado mi comida. Yó he visto el alma de la vida en el semen de un violador. Yó he visto el alma de El Diablo yacer a mi lado, bajo mis sábanas. ¡Yó he visto tantas y tantas cándidas almas! Más, muchas más de las que tu domestica-da mente pueda imaginar. Porque Yó soy un poeta... Un creador. Y lo veo todo.
Por qué me considero poeta

¿Poeta Yó? Anda, hombre. ¡Hasta ahí podríamos llegar?

Enlaces
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