Ficha pública
Retrato para Vanessa Montañés

VanessaMontañés

Vanessa Gil Montañés · Valencia
Biografía

Vanessa Montañés es escritora, poeta, mediadora cultural y creadora de proyectos de escritura expandida. Su trabajo transita entre la literatura, la memoria, el territorio, la identidad y las pequeñas grietas de la experiencia cotidiana. Su obra abarca poesía, narrativa, ensayo y proyectos en los que la palabra dialoga con otras disciplinas artísticas y con la creación colectiva. Ha recibido diversos premios y reconocimientos literarios y ha sido distinguida como Comendadora de la Orden Literaria Francisco de Quevedo. Escribe porque todavía confía en la capacidad de una palabra para alterar el lugar exacto en el que alguien mira el mundo.

Poema 1
MANUAL PARA SOSTENER LA RUINA Hay una manera digna de caerse que nadie enseña. No está en los libros ni en la voz templada de los que nunca ardieron, ni en la geometría exacta de quienes llaman vida a la costumbre. Caerse es un arte antiguo. Lo sabía el cuerpo antes de aprender a decir yo, antes de la herida y su manera obstinada de quedarse. Uno cae y el mundo no se detiene. Ni siquiera el aire modifica su curso para nombrar la grieta. Todo sigue. Y es ahí donde empieza la dificultad. Porque sostener la ruina no es resistir. Resistir es una palabra limpia, casi orgullosa. La ruina, en cambio, tiene humedad, tiene polvo, tiene un silencio que se pega a la lengua. Sostener la ruina es aprender a habitar lo que ya no es casa sin salir huyendo. Es mirar de frente los restos y reconocer en ellos una forma torcida de verdad. Nadie habla de esto. De cómo el alma se encoge para caber en lo perdido. De cómo el tiempo no cura, sólo desplaza la herida a un lugar más hondo donde ya no molesta pero tampoco desaparece. Y sin embargo, hay algo. Algo mínimo que insiste. No es esperanza, sería demasiado. Es apenas una vibración leve, como metal caliente después del golpe. Eso queda. Eso somos. No lo intacto, no lo firme, no lo que resiste sin fisuras. Sino esa parte que aprende a seguir aunque todo haya sido ya derrumbado.
Poema 2
ARQUEOLOGÍA DE LO INVISIBLE He pasado media vida recogiendo cosas que nadie había perdido. Una palabra pronunciada en una cocina. El ruido de unas llaves detrás de una puerta que ya no existe. La manera en que una mujer se recogía el pelo antes de decir que estaba cansada. Guardo esas cosas. No sé para qué. Quizá escribir consista precisamente en eso: en hacerse cargo de lo que el mundo considera demasiado pequeño para conservarlo. Hay personas que coleccionan mapas. Yo colecciono desapariciones. El vaso que dejó un círculo sobre una mesa. La fotografía en la que alguien mira fuera del encuadre. Una dirección antigua. Una voz pronunciando nuestro nombre cuando todavía éramos otra persona. Después escribo. Excavo. Retiro cuidadosamente la tierra de los años. Aparecen objetos diminutos: una risa, una tarde, una habitación, el perfume de alguien atravesando un pasillo. Nada serviría en un museo. Pero todo demuestra que estuvimos aquí. Y quizá por eso escribo: para que cuando el tiempo termine de borrar nuestras huellas, quede al menos una palabra negándose a desaparecer.
Por qué me considero poeta

Me considero poeta porque nunca he entendido la poesía como una sucesión de versos, sino como una manera de mirar. Escribo para nombrar aquello que suele quedarse sin nombre: las pérdidas pequeñas, los cuerpos que recuerdan, las casas que dejamos de habitar, la memoria, el deseo, la identidad, el miedo y esa extraña obstinación humana por continuar. No sé si un poeta es quien encuentra las palabras adecuadas. Quizá sea precisamente quien pasa la vida buscándolas. Yo sigo buscando.

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