Ficha pública
Retrato para María M. Azorín

MaríaM.Azorín

Murcia
Biografía

María M. Azorín es poeta, artista performativa, pedagoga e investigadora de los procesos de creación. Reside en Madrid, donde desarrolla una práctica artística que explora la escritura automática, el pensamiento simbólico, el surrealismo y las relaciones entre lenguaje, cuerpo, memoria e imaginación. Su trabajo se sitúa en un territorio híbrido entre la literatura, la performance, la instalación y la mediación cultural. Entiende la escritura no como un resultado, sino como un dispositivo de conocimiento capaz de generar nuevas formas de percepción, pensamiento y experiencia. Es autora de los poemarios Hiroshima (Pluma Verde Editorial), Los idus de agosto (Villangómez / Pollogómezfest), Ser laberinto (Amargord) y La última noche de Sylvia Plath (La Fea Burguesía). En septiembre de 2026 publicará Mapa de daños (Zambucho Ediciones. Nube de Piedra). Asimismo, ha participado en la edición del poemario colectivo Poemas habitables, publicado por La Imprenta (Madrid) bajo la coordinación de Edurne Batanero. Su investigación artística ha dado lugar a proyectos de poesía expandida como Cuerpo urbano en acción, una intervención poética desarrollada en distintos espacios públicos, la acción Poesía de asalto, la videoperformance Mímesis y diversas instalaciones y performances en las que el cuerpo, el objeto y la palabra comparten un mismo espacio de experimentación. Ha participado en numerosos festivales, encuentros literarios, ferias del libro y proyectos interdisciplinares, formando parte de propuestas como Los versos del Círculo, Manifiesto Azul, El coloquio de los perros, Luminaria, Solanera u Origami Caníbal, entre otras. Su obra ha sido incluida en la antología Poesía en femenino (Universidad de Murcia, 2025, donde se destaca a las poetas murcianas más relevantes de los siglos XX y XXI. Como mediadora cultural, es creadora y coordinadora del ciclo de poesía PoetasRaíz y del laboratorio de escritura automática El gato de Schrödinger, un espacio de investigación colectiva donde confluyen literatura, juego, pensamiento simbólico y procesos de creación. Ha impartido conferencias y talleres sobre escritura automática, creación literaria y simbología en el marco del Festival CreAcción (varias ediciones), celebrado en distintos municipios de la Región de Murcia, además de colaborar con bibliotecas, centros culturales, instituciones educativas y espacios independientes de creación. Su trabajo propone una concepción expandida de la poesía, donde la escritura dialoga con la acción, la imagen, el espacio y la experiencia compartida, entendiendo el acto creativo como una forma de investigación sobre el lenguaje y sus posibilidades de transformación.

Poema 1
La vida fue domingo ¿Era la infancia esa uva tibia arrancada a la parra, pequeño planeta amargo y púrpura, cuyo jugo contenía todos los veranos futuros? ¿Era el verano aquella república mineral donde los grillos administraban el tiempo desde las grietas de la tierra exhausta, mientras el calor vasto como una divinidad, doblaba las horas sobre las tejas y ordeñaba el esqueleto del mediodía dejando secar sus costillas sobre las tapias? ¿De dónde provenía aquel sopor dorado que descendía sobre los campos espesando el aire hasta hacerlo visible? ¿Era el campo una criatura inmensa, la piel interior de un animal inmenso recostado bajo el horizonte, que nos soñaba desde debajo de las raíces? ¿Quién escondió una higuera dentro de otra higuera dentro de otra higuera, siendo el verano una catedral pagana llena de avispas y corazones dulcísimos envueltos en terciopelo verde, fermentando en el bolsillo secreto de dios? ¿Quién enseñó a las hormigas a transportar fragmentos de siesta? ¿Quién almacenó tantas tardes dentro de una sola tarde? ¿Bajo qué estrato del tiempo continúa respirando ese reino de persianas de madera verde, higos abiertos y grillos fantasma? ¿Y si la infancia no hubiese terminado nunca, sino que siguiera ahí, agazapada bajo la corteza reseca del mundo, esperando a que el vuelo de una sola avispa pronuncie de nuevo nuestro verdadero nombre? María M. Azorín A la casa blanca de mi abuelo.
Poema 2
XXVIII (Mapa de daños) Como la brisa de verano, cuando es hora de irse, lo sabes. El azahar abruma y paraliza a todos menos a las abejas. Ellas saben de fertilidad y poesía más allá del dorado y el desgarro. Tuve que irme, aunque nadie lo entendiera. A lugares que no existen. Sólo quise ser deseo lanzado al viento. No mujer de carne y lastres. Sólo diente de león y opciones. Espacio liminal de descanso. Sólo abrazo y remolino de campos. Habitación de hotel. Anhelo y desierto. Recobrarme el sentido. No ser pertenencia ni objeto. Sólo duna incipiente, nebkha* y rictus velado. Gotas de cristal pendiendo de los ojos de Nadie. Sólo mía. Sólo mía y de los árboles. *nebkha: duna de arena pequeña que se forma alrededor de la vegetación.
Por qué me considero poeta

Me considero poeta porque la poesía no es para mí una elección, sino una disposición radical ante la existencia. No constituye un oficio intermitente ni una práctica ocasional, sino una forma sostenida de estar en el mundo. Ser poeta excede la escritura y desborda los límites de cualquier género literario. Implica mirar con una atención extrema, dejarse atravesar por lo real y escuchar aquello que aún carece de nombre. Es confiar en la intuición para convertir la experiencia, incluso la más íntima, en lenguaje compartido.

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