Ficha pública
Retrato para Ceniza y Viento

Cenizay Viento

Iker Reizabal · Pamplona/ Iruña
Biografía

Iker Reizabal es poeta y creador de Ceniza y Viento, un proyecto de poesía contemporánea nacido desde la calle, la memoria y las emociones cotidianas. Su escritura combina una mirada visceral y cercana con temas como la pérdida, el paso del tiempo, el amor, la identidad y las raíces. Ha publicado los poemarios Tan solo es terapia, Suspiros del alma, Cinco raíces y en breve verá la luz si nuevo libro Los hijos de la noche. Desarrolla su actividad también a través de recitales, conferencias, talleres y colaboraciones.

Poema 1
Yo que he mordido la luna con los dientes rotos y he dormido en el regazo de madrugadas que no me querían, te cuento que también fui brasa cuando nadie creía que quedara fuego en este pecho lleno de invierno. Porque hay días, maldita sea, en que uno se mira y ni se reconoce. Días en los que el corazón parece una ventana que alguien dejó abierta sin permiso, y por donde se cuelan todas las tormentas que nunca supimos cómo nombrar. Y aun así, cuando la vida cruje como una cuerda vieja, cuando la rabia late más fuerte que la fe, aparece la voz tenue de lo que fuimos, susurrando: “aguanta, que aún queda camino, aunque te sangren los pasos.” Que no es cobarde el que llora, ni frágil el que tiembla. Cobarde es el que nunca sintió, y yo he sentido tanto que podría llenar de historias las grietas del mundo.
Poema 2
La luna sangra sobre tejados rotos, y yo camino descalzo sobre el asfalto mojado, con el viento metiéndose por la garganta, como si quisiera arrancarme los gritos que guardo. Los bares huelen a humo viejo y promesas rotas, y en cada vaso derramado se esconde un “te quiero” que nadie se atrevió a decir. Las calles murmuran secretos que nadie escucha, y yo los guardo en los bolsillos, junto a los cigarrillos apagados y los sueños cansados. A veces la noche me golpea con manos invisibles, y pienso que todo está perdido, pero entonces veo la luna entre las chimeneas, y me recuerda que seguimos aquí, con las cicatrices abiertas y el corazón jodidamente encendido. He gritado mi rabia a farolas borrachas, he llorado en bares que huelen a abandono, he amado con la desesperación de quien no tiene nada, y aún así sigo buscando fuego entre el humo y el ruido. Porque la vida es un perro callejero que muerde, pero también lame las heridas que deja, y yo, imbécil, prefiero caminar descalzo por la ciudad que me enseña a caer y levantarme una y otra vez, hasta que el sol se esconda y la luna vuelva a sangrar. Así que brindo por los que ya no creen, por los que caminan solos y por los que gritan en silencio, y aunque el mundo intente derribarme, yo sigo andando, con los bares, la calle y la luna como únicos testigos de que todavía estoy vivo.
Por qué me considero poeta

Me considero poeta porque la poesía es mi manera de mirar el mundo y de poner palabras allí donde a veces no las hay. Escribo desde lo vivido, desde la memoria, las heridas, el amor, la pérdida y las raíces, pero también desde todo aquello que todavía nos mantiene en pie. No escribo para adornar la realidad, sino para atravesarla y convertir lo cotidiano en una forma de verdad. La poesía, para mí, no es una pose ni un refugio: es una forma de estar en el mundo y de compartirlo con los demás.

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