Biografía
Escritor nacido en Vitoria-Gasteiz (Álava) en 1954.
Inspector de Educación del País Vasco, Licenciado en Hª y Gª por la Universidad del País Vasco, Profesor Especialista en Pedagogía Terapéutica por la U.P.V. y Profesor-Consultor por la Universidad de Deusto. Actualmente jubilado. Hoy soy colaborador en distintos diarios, revistas y radios locales.
Mi vida laboral ha estado dedicada por completo a la enseñanza y a su optimización velando por el cumplimiento de la normativa vigente y la atención a la diversidad por una
enseñanza plural e integral.
Escribir poesía constituye mi principal aliciente satisfaciendo mi inquietud de escritor que
ha dado lugar a doce libros y varias publicaciones en revistas especializadas, así como a distintos premios y distinciones.
Poema 1“INTRASCENDENCIA”
Un día seré aire, nadie, vida difuminada,
y cuando el olvido me sumerja en la nada
intentaré filtrarme en la memoria de los hombres,
como el más sutil lenguaje, sin mediar palabra,
invadiendo sin su venia sus íntimos rincones.
No me molestará ya mi cuerpo gravitando
o, quizá, permanezca mi alma levitando
y seré, a los ojos del mundo, algo invisible
hasta que el tiempo nos suma a todos en su abrazo
y seamos ya, al final, algo intangible,
como las sombras ondulantes en torno al fuego,
como motas de inútil polvo en el universo
que tuvieron su gloria y son ahora intrascendentes,
trémulos recuerdos perdidos frente al viento
salvo que un dios intruso nos vele para siempre.
Por eso, al cabo, parece vencer el nihilismo
en el crepúsculo sempiterno del olvido.
Seremos nada: ni siquiera la espuma de la ola,
espectral inexistencia, perpetuo ocaso verpertino
que arriesgó su presencia entre las rocas.
Poema 2“DESIDIA”
Aúlla la luna retando a la oscuridad
en una de esas noches de invierno
en que la vida parece haberse rendido.
Las estrellas lloran lágrimas
de una mortecina luz apenas esbozada
que se refleja espejeando
en la atrayente superficie
de un río que las cubre de mutismo
mientras derrite sin remedio
los escasos y fríos copos de una nieve
que asoma como a saltos.
Inspiro con avidez desmesurada
el aire frío de un crudo enero,
como buscando esos delirios
que acaso me ofrezca la naturaleza
tras un día corto y deprimente,
casi lapidario, incluso amenazante,
Una jornada más abierta al hielo
que ha dejado su epitafio
en el suelo endurecido y apagado.
No hay colores, todo es gris,
aunque quiera éste alardear de sus matices.
En los campos se pudre la hojarasca
y el musgo de adueña de las piedras
al umbrío amparo de un gélido silencio.
Hay un pájaro aterido
que salta y picotea en busca de un trofeo
que le sirva de alimento
hasta que alza el vuelo
decepcionado porque todo hiberna
y la naturaleza solo le engaña
con espejismos que nunca son verdad,
aunque los árboles de hoja perenne
no pueden conciliar el sueño ni descansan.
Sin darme cuenta apenas,
vuelvo la vista hacia la mesa de mi estancia
y unas ya pretéritas ramitas
se han vencido carentes de esperanza
en una sinusoidal caída hacia la nada,
como si fueran pequeñas hojas deshidratadas
que simularan estar embalsamadas.
Son flores que un día tuvieron vida
que, por mi desidia, descansan marchitadas
en la cárcel de un jarrón,
donde su belleza se vistió de olvido
sin decirme ni siquiera adiós.
Por qué me considero poetaPorque necesito escribir para sentirme vivo. Es mi válvula de escape, mi refugio, mi mejor terapia.
Sé que la poesía no da para vivir, pero da vida.
Con todo, desdeño el verso que suena, pero no crea.
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