Jess Modlov nació con otro nombre en un día soleado de 1985. En la adolescencia comenzó a escribir canciones para grupos que nunca se formaron y poesías para libros que nunca vieron la luz. Más adelante formó parte del Colmo Colectivo y de la banda Las Vacas Argentinas. Se marchó a Bolonia donde vivió muchos años y allí tocó, cantó y bailó en el grupo Eh?!. La siguiente parada fue Granada donde descubrió el Poetry Slam, que llegó a presentar en dicha ciudad. Después de algunos poemarios autopublicados como Botellas Vacías o La Frontera en 2018 saca con una editorial sevillana Todo lo que no entre en la memoria.
En la actualidad vive en Barcelona donde también ha llevado el Poetry Slam Cronopios. Acaba de publicar el poemario Circuitos, con la editorial Papel y Cristal y sigue merodeando por los escenarios de la cultura subterránea.
Poema 1
Catástrofe
Maté a los hijos que nunca tuvimos
con un puñal en nuestro pecho.
Se colmó el veneno del vaso,
surgió un abismo
de esa gota oceánica
y desde entonces no he dejado de caer
buscando el fondo
de esta oscuridad densa
pero lo cierto
es que no me hundo en este vacío,
es el abismo el que se precipita en mí,
cuya gravedad crece inmensa
hasta guillotinarme la respiración,
hasta solo inhalar un llanto seco
en forma de raíces
que se arrastra por mi garganta
hacia dentro,
que cava a través del esternón
una tumba sin suelo
de la que nunca salir.
Demolí el mundo que estábamos construyendo
desde los cimientos
con una termita
de herrumbre y óxido alumínico
que disolvió
los restos de memoria
y no pudimos ya
reconocernos a partir de las ruinas,
no supimos volver a levantarnos
ante tanta herida
y aprendimos a ser cicatriz,
como el Mar de Aral
aprendió a ser desierto,
aprendimos a buscar consuelo en el rencor
y placer en la agonía,
mordimos silencio
para callar el grito del torniquete
antes de amputarnos
“a ti de mí,
a mí de ti,
a nosotros mismos de nosotros”.
Maté a los hijos que nunca tuvimos,
los ahogué en la nada
con mis propias manos,
como cuando entierras un sueño
bajo diez mil metros cúbicos de realidad
sangrando quebranto en los nudillos.
Quemé nuestra casa antes
de que pudiéramos llamarla hogar
y aún suenan en mis oídos
los bramidos de los fantasmas,
el crujir de un futuro carcomido,
el estruendo de nuestro colapso
contra el mundo,
aún me aplastan los escombros
y los quebraderos,
como Urano contra Gea,
aún me huele el aliento a ceniza.
Los maté sin haberlos concebido.
Ya se han borrado las huellas
que dejamos en el camino,
en su lugar
han brotado baches y trabas.
Una niebla
que nos oscurece las lágrimas
se encarga de rajar
las miradas de nostalgia
para no retroceder
hacia donde solo queda
un acantilado con dos cuerpos rotos.
Y a partir de ahora
seremos culpables
cada vez que nos echemos de menos,
me insultarán los espejos
abriéndose en canal,
se nos caerán las alas
de vergüenza
cada vez que emprendamos el vuelo,
se cerrarán las calles,
se blindará una puerta,
caerán muertas las golondrinas,
se callarán las fuentes
como el corazón,
que rodará por las escaleras,
nos crecerán las grietas,
como la sed en el sábado,
como la resaca en el domingo,
y por ellas se colará
la catástrofe diaria,
la voz derretida,
la rutina sin ti.
A nosotros también nos tocó la muerte
cuando maté a los hijos que nunca tuvimos.
De Noviembre.
Poema 2
Poética
Quiero una poesía que muerda,
que grite,
que arda en cada esquina,
una poesía subterránea
que recorra Europa
como un fantasma,
que puedan prohibir,
pero que nunca puedan callar,
por eso
tus muros sangran mis palabras,
porque mi poesía no es mía,
sino de quien la necesita,
igual que el pan
pertenece al hambriento.
Quiero una poesía
que no termine
en el último verso,
quiero raíces de viento
y alas en la tierra,
una voz que apague la oscuridad
y que prenda el alba,
el color conquistando
los rincones invisibles.
Necesito una poesía
que se diluya, que sea humo en el aire,
una poesía que se sienta como un puñetazo,
que explote como el amor,
que caliente, que se multiplique,
que fluya por nuestra venas como el vino…
Una poesía para vencer a la muerte.
De Todo lo que no entre en la memoria.
Por qué me considero poeta
Porque sí y porque sé.
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