Nacida en Cantabria en el 1976, viajé por amor hasta Alicante en el 2006 donde vivo en un pueblo, Dolores, de la Vega Baja del Segura.
Desde que aprendí a escribir, no he dejado de hacerlo, siempre en la intimidad, hasta que me atreví a mostrar poco a poco todo lo que tenía a través de un blog primero y en redes sociales después, abriendo el alma al resto del mundo. He publicado dos libros "Hasta que el aullido sea susurro" y "Efecto Ovillo" ambos de poesía, aunque en este último, he integrado algún relato breve. Descubrí lo bonito que es compartir mis poemas a través de la voz, participando y organizando varios recitales y no he dejado de hacerlo.
Poema 1
Ella, quiere soltar versos por esa boca
sin que el miedo agarre
demasiado fuerte la garganta.
Aprieta ligero, que no duela,
que pueda avanzar despacio
cada palabra
a través de su lengua.
Quisiera que se exprese libre
pero lo cierto es que se esconde
esclava de la realidad
que rodean sus pestañas
a las que decora con rimel
del más puro negro abismo.
Camina intentando dejarse oir
pero el ruido de este universo
hace que el silencio
sea el empuje del pestañeo prieto
y de la boca cerrada.
El miedo agarra
y aprieta más fuerte.
Ella, alza la cara
buscando una salida
y se agarra al rayo de sol
que se posó en su mano,
tan cálido y dulce.
Aunque persista el temor
de que anochezca demasiado rápido,
se aferra a su calor.
Y se deja mecer
y abrazar
y se acobarda el miedo
por no saberse solo
en su cuerpo.
Ella, deja rodar lágrimas
para limpiar las pestañas
y que se despierten los labios,
Quiere la sal
para saborear
unos versos
que jamás serán olvidados.
Poema 2
A veces, me tumbo en el suelo.
Está duro y frío,
pero me parece más confortable
que un invierno.
Me relajo, inspiro y espiro.
Inspiro y espiro.
Entonces llegan a mí las imágenes
que quiero olvidar,
los sonidos que no quiero escuchar
y lo que me sujeta se tambalea
y comienza a disgregarse mi persona.
Se parte en dos como un leño
al que alcanza el hacha
y siento el dolor en el pecho,
como si las costillas se separan.
Es ahí, donde sangran a borbotones
todas las heridas mal cicatrizadas
y las que apenas se veía su marca,
flotan en ese mar rojo
de desconsuelo
y desdicha.
Las manos sobrevuelan intentando
volver a unir cabeza y cuerpo.
Emplean toda su fuerza.
Más, un poco más, un poco más, más fuerte…
Y vuelvo a ser una yo.
Sigo tumbada en el suelo duro y frío.
Pero después de la sangría, el mar en calma.
Vuelvo a respirar.
Inspiro y espiro. Inspiro y espiro.
Me incorporo y miro por la ventana.
Sonrío.
Es cierto, el sol sale cada mañana.
Por qué me considero poeta
Es en la poesía donde me encuentro, donde me siento más libre, donde soy más yo, compartiendo parte del alma y de los sentimientos que no podrían ser canalizados de otra forma y también, siendo así la mejor manera de ser lanzados al mundo.
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