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Ficha pública
Retrato para Juan José Santiago Ramírez

Juan JoséSantiagoRamírez

Sevilla
Biografía

Juan José Santiago Ramírez (Albacete, 1979) es, sobre todo, un curioso impenitente y sin remedio. Cree firmemente que en los libros se encuentra buena parte de la porción de la felicidad que a cada uno nos corresponde en la vida —pura literatura— y que el ejercicio de la escritura es espejo, refugio y salvavidas. Licenciado en Periodismo, con formación en letras, protocolo y patrimonio, es investigador independiente y escritor, más allá de su profesión kafkiana. Es autor del poemario «Cuaderno de trabajo» y de la colección de relatos «Primera noción de tragedia», publicados respectivamente por Talón de Aquiles y Diversidad Literaria en 2025, así como de artículos y ensayos sobre la moda del siglo XIX incluidos en catálogos de exposiciones como «La moda en la Casa de Alba» o «Caprile Lorenzo», y en revistas como «Indumenta», del Museo del Traje. Ha colaborado además con revistas literarias como Fábula y Ceniza. Desde 1997 vive en Sevilla, aunque nunca ha perdido de vista su origen manchego y su ciudad natal: Villarrobledo. En Instagram es: @santiagoramirez_juanjo.

Poema 1
Polaroid Tus ojos disparan una fotografía de este momento: la taza de café, las grietas del suelo, el humo de tu cigarro al que yo, insolente, me enfrento. Ríes, haces ruido, respiras este sol azul de invierno como si estuvieras en una piscina, abrasado por el calor. Eres tan vulgar que prefieres las piscinas al mar. Y yo te miro, reconociéndome en esa imagen fatua que fabricas inconscientemente en tu retina. Respiro yo entonces con esa misma fuerza tuya el humo de tu cigarro, el aire pálido, la luz helada y elaboro en mi memoria el recuerdo de este instante absurdo y estúpido, mientras hablas y hablas y yo no te escucho. No merece la pena ni una sola palabra de las que dices, solo la belleza de esa inconsciencia pura que ignora que esta fracción de vida, compartida entre tú y yo, es solo una insólita casualidad vieja como el tiempo, nueva como la muerte, ajena y cercana, suave y urgente. Terminas tu café; el mío se enfrió hace tiempo: me preguntas si quiero otro. No, te digo, no quiero, no es necesario: el café es lo de menos. Pienso, no te lo digo, que mejor prefiero que dispares otra fotografía de nuevo: dos palomas se han posado cerca de ti, en el suelo, y asisten, estupefactas, al espectáculo tonto de mi confusión y de tus sueños. Tú no lo ves, eres como un niño pequeño: salvaje, avaricioso y risueño. (Extraído del poemario «Cuaderno de trabajo») © Juan José Santiago Ramírez
Poema 2
Estación Noviembre se deshace en lluvia después de un verano eterno y naranja. Ahora, es esta estación la que parece condenada a perdurar. No se escucha a nadie hablar: todas las horas parecen idénticas y pueden tocarse con la punta de los dedos. En mis dedos y en las páginas de mis libros se acumula el polvo de tu reloj de arena; el cristal despechado que lo contenía, a mis pies grita en silencio y me reprocha tu ausencia; los objetos rotos también tienen voz y la alzan, soberbios, para hacer daño como tú y como yo, vencedores, sabíamos hacer: sin indulgencia, sin lágrimas, tan llenos de barro. Hay porciones de tiempo que se erigen en condenas y es imposible, sin mapas, siquiera caminar por ellas. No existen almohadas en las que calmar la pesadumbre, se agosta el campo y los latidos suenan obscenos; el llanto encapsulado en clepsidras se enturbia aunque el mes siga deshaciéndose en agua limpia ahí afuera; aquí dentro, aquí mismo, como siempre, aquí, nunca llega y la suciedad acumulada en los pasillos transforma en pergamino las losetas que se agrietan, incompetentes para mantener la calma, los pasos, la furia y la hiedra. Ya no hay memoria de tu voz a pesar de la solidez de los fragmentos; ya no me es posible pasear por ella. Todas las horas son idénticas cuando solo queda un puñado de arena, que se desliza hacia el suelo desde la mano abierta. Ahora, sí, es esta estación la que está condenada a perdurar. Noviembre, terrible y constante, doliente, se quiebra, se calla y se instala. (Extraído del poemario «Cuaderno de trabajo») © Juan José Santiago Ramírez
Por qué me considero poeta

Yo escribo porque no puedo dejar de hacerlo: el ejercicio de pensar lo que quiero contar, el trabajo de plasmar la emoción y el relato que contiene el verso al que quiero llegar —que no sé nunca muy bien de dónde nace: ¿en el pecho, en la cabeza, sobre la piel? ¿Afuera, dentro? ¿En todos sitios o en ninguno? ¿Dónde? ¡Dónde!—, la tarea de elegir las palabras para lograrlo implica jugar con ellas, saborearlas, tejerlas, esculpirlas y enredarlas, darles una vida nueva, ofrecerles la música, una música: la que ese momento propicia. Y entonces el tiempo no pasa o pasa muy rápido y se pierden las nociones de todo. Y yo soy feliz. Cómo no escribir, cómo no querer ser otra cosa que poeta...

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Ficha número 146 del censo. Ficha actualizada el 7 de agosto de 2026Siguiente poeta →