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Ficha pública
Retrato para Pau Dekany Piña

PauDekanyPiña

Santa Cruz de Tenerife
Biografía

Víctima del horror vacui e hijo del Romanticismo, graduado en Español: Lengua y Literatura por la ULL y fiel creyente de la poesía. Tengo algunos textos en la Revista literaria aguaviva (nº. 1, 7 y 10) y en el libro Siete vidas (Micro abierto del Café 7) de la editorial La Gallofa Cartonera (2023). A veces, prefiero la prosa poética a someterme al verso.

Poema 1
I La brasa inapagable, es la base de mí que soy esa zarza que no calienta el cayado a la que entro descalzo y no comprendo. II Vuelvo la carne en roca dura como quien del barro hizo piel. El peligro del sangrado, serpiente que llora en el hueco gravilla que cose en el hueso; así no se cae el cuerpo. III Mi madera blanca arañada, sus metales quieren que arda con cada chispa de sus golpes. Cajita de yesca pasada que no aguanta el pasar del invierno. No me di cuenta que no tenía tapa. IV Pica la costra de la quemadura de un corazón que no sabe si siente el siguiente raspón de ese frío metal. El Horizonte en un músculo, el futuro en la carne. Solo sabe que late, no para (y no comprendo). V Y sin embargo, de los tallos de flores, de las gotas de lluvia, de las patas del ciervo, chorrea versos porque no sabe llorar otra cosa. VI Corazón porcino, corazón de trasplante, embarrado, enfermo, rasgado. Fibras verticales que no son más que hilos, que no son más que texto, que no son más que versos. No hay tierra que beba mi sangre por eso me baño en ella. VII Soy velero ante la tormenta: siempre pegado a la mar, siempre al borde de adentrarme en ella, siempre al borde de la despedida. Las velas estás expuestas, manteles de abuela con los boquetes del cigarro siguen impregnados de cariño. Cajas de galletas en las que la hojalata no es suficiente. El bronce, el aluminio, el acero huele más a hogar que la vieja yesca; se pudre en la humedad arde en la soledad (y no comprendo). VIII Salir desnudo al mundo vistiendo nada más que un sentimiento. Coreo tu nombre para que solo me escuchen los ciegos, los dormidos, los dolidos. Aquel que meta la mano entre el hierro entenderá que a mi corazón lo sigo buscando. Responde a tu voz y se esconde, su sonrisa es cicatriz de tu amor. Sueña con que vuelva la primavera y entre entre las rejas volviéndolas rosaledas. IX Bebe de mi suero y nútrete como si la plata fuese cortina. Una leve brisa es tu suspiro contra mis labios. Una breve historia, la dirección de tus pasos. La brasa inapagable, es la base. La dirección del viento en plena borrasca. Solo sabe que ama, que la yesca arde entre la zarza y que la roca gris que no sabe si es hueso o es marfil se funde entre el barro. Corazón porcino, corazón enamorado, dolorido, entusiasmado, encerrado, partido, escarchado, cambiado. Y, aun así, ama y camina (y no comprendo). Cajita de yesca Pau Dekany Piña 02/01/2026
Poema 2
Debajo del mantel, debajo incluso de la madera ya incrustada entre la loza, más abajo aún de la cal de la mampara. Entre las juntas de los adoquines, enredado en la telaraña subterránea de las malashierbas. Donde el relinchar del caballo acorta sus patas, donde los cuernos del carnero comienzan a encajar en la cuenca de los ojos, donde la raya horizontal de sus pupilas se extiende durante años que solo son días. El mar bravo ahora es plata oxidada, la nieve clava navajas en la nuca ya rajada, en lo que mis rodillas se hunden entre alcayatas recién afiladas. Mis manos son agujas de latón, arañando platos sucios, comidas pintadas de penas, de aforismos que bombardean los pájaros amorfinados aunque esnifen incrédulamente por su pico una raya que los echa a volar. El despertador adelantado, el ticket desaparecido, las manos tiritando, el vaho esparcido. Las ideas se me escapan entre estornudos y la soledad se cose a la planta de mis pies. Entre renacuajos que vuelan adimensionsados entre nosotros, los que los ignoramos, se palpa la pulpa de la Pampa que pulsa el pulso asincopado para calmar los riachuelos de capas que tapan la Plaza España. Que no la encuentro, que no me ahogo, que la fuente no chorrea agua de mis orejas, que las langostas bípedas y arrogantes ya no se cuelan por mi vagina ni mi boca. Ignorando la máquina carnal, que el carnaval no llegó y el humo de la fábrica encharca mi mirada, bajan por mis cachetes rayas negras y rojas, sangre y maquillaje de quien no pude ser y me fundieron en la inseguridad de mi conciencia. El caminar se hace cuesta arriba en una recta que no acaba, que el piche no se levanta ni se acnetiza a temprana edad, no sufre de sequía ni de estrías, bebe y bebe más que las ballenas, más que lo políticos, bebe de una clase obrera a la que le pintan con purpurina las llagas. Y pelucas, y tutús, y el sudor es el salario y el destino está perdido en la montaña, enterrado en la niebla, al fondo de las cuevas. Enriscadas acaban las ideas y el sol sigue atrapado. Con el tiempo se me olvida qué era la luz y solo la recuerdo al verme la piel, rayas blancas que salen de mí, rayas blancas que bajan y bajan y se adentran y te sangran. Corro cayéndome y deseando oler a madera, oler a hierba, que mis dedos sean la raíz de una nueva desesperanza. Más abajo, allí donde se quedaron mis recuerdos sedados, allí tras el muro de piedra caliza que se ríe en mi cara. Allí donde debería estar mi vida. Debajo de la palmera más alta, donde ya hasta la brisa húmeda me extraña. Más abajo, más adentro, donde pueda sentir el magma. 10 mar 2025 No sale el sol Pau Dekany Piña
Por qué me considero poeta

La poesía pertenece a lo que soy, es mi cicatriz más grande y amada. No conozco otra forma de ver, entender y ser en el mundo.

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Ficha número 111 del censo. Ficha actualizada el 7 de agosto de 2026Siguiente poeta →